Sucede con el tiempo, que después de examinar detenidamente los argumentos propios que te llevan a tal o cual conclusión y para abonar a la honestidad intelectual, uno llega a preguntarse a si mismo: ¿Estos son los mejores argumentos que puedo ofrecer?
Para alimento del ego se tiende a responder "claro que no, puedo ofertar mejores y para prueba de ello voy a someter a juicio mis propios argumentos como la contraparte hasta que sucedan una de tres cosas:
1.- Mis propios argumentos colapsen.
2.- Me convenza aún más.
3.- Los mejore sustancialmente.
Naturalmente uno desea conservar lo que ya ha reflexionado. ¿Pero que sucede entonces si no?
¿Siendo intelectualmente honestos, de presentar un argumento lo suficientemente convincente cambiaría mi posición aunque fuera radicalmente contraria?
Me gustaría conocer su opinión al respecto, y que me dejen saber (siendo teistas o ateos) que argumento es el que consideran más fuerte contra lo que ustedes piensan, o en todo caso, que los haría cambiar de parecer.
Saludos cordiales.