Esta vez el día está amarillo, como una pústula brillante, gorda y sólida.
El cielo mudó su ilusión de pureza y está sucio, tanto que el aire tiene color amarillo, sí, veo el aire revolotearse, contorsionarse sobre la ciudad, como si fuera una serpiente decapitada; siempre creí que el viento era libre, pero ahora que lo veo siento que sufre y que ahora que no es invisible comprendo que está maldito a observar toda la desgracia humana, solo y sin descanso, migrando de un lugar a otro, arrastrándose entre muros de concreto y sobándose sobre las mejillas amarillas de gente mugrienta y apestosa. Pobre aire, yo quería ser como él.
Las calles están llenas de agua amarilla, como un río de orina fétida y espesa, serpenteando entre muros pintarajeados de escenas sucias, obscenas y decadentes, con formas que revelan el alma del citadino acostumbrado a trabajar duro, hasta volverse amarillo y perder la vida tratando de ganarse una mugrosa tortilla hecha de maíz.
Que mal día, la gente lleva lentes oscuros para ocultar sus ojos a los demás, pero es evidente que sus ojos también están amarillos, muertos, descansando sobre unas bolsas verdesoscuras casi gangrenadas.
El ambiente de la ciudad es tan insoportable que hasta la noche es espesa, pesada, llena de luz amarilla, hasta la luna está amarilla, sin duda también enfermó de ser mudo testigo de tanta estupidez y no le queda más vomitarnos su luz amarilla para tratar de consolarnos y hacernos menos desgraciados…
Hoy el día estuvo amarillo, saber si seré mañana…
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