Era un anochecer lluvioso...
Había estado así durante toda la semana, en el cielo no había rastro de luz, ninguna estrella... o el reflejo de la luna (únicamente se veía marcando la orilla de aquellas nubes densas, oscuras... llenas de condensado a punto de precipitar).
Vivía en un barrio recién habitado, abundaba la vegetación, un riachuelo desbordante servía de cerca a las orillas de mi casa.
Las paredes de barrotes húmedos de aquella pequeña vivienda destilaban ese olor a cedro viejo; el piso abarrotado de aquella tierra que la corriente llevó...
Entonces, en esa noche sin luz, se escucho una agonía... estremecedora. Asomándome por la pequeña ventana hinchada, que a penas se podía abrir, estaba ahí... una silueta de mujer vestida de blanco, parecía que estuviera flotando sobre el arrollo, no sabía si estaba de frente o espalda.... lo que sí sabía es que su escalofriante quejido hizo que mis pequeños hermanos asomaran en la ventana. Todos la vimos, era ella: La llorona buscando a sus hijos... tal vez buscándonos (ya que eramos cinco hermanos) solos con mi madre.
No quisimos investigar más... únicamente nos ocultamos bajo las cobijas muertos de miedo.
Y así dormimos, abrazados... El sueño venció al miedo. No hubo explicación.
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sábado, 4 de julio de 2015
Alma en pena
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