lunes, 11 de enero de 2016

Lógica Divina

 
Hola, soy el que soy.
Siempre fui el único ser en existencia, hasta que siempre decidí compartir mi amor con criaturas que hice de la nada, pues las cosas materiales necesitan a alguien para que puedan existir de la nada, como es lógico.

No son iguales a mí, pues se me ocurrió que fueran materiales, aunque son iguales a mí que existo fuera del tiempo y el espacio (que también creé yo, desde luego), para que ellos sean iguales a mí.
Hice también unos seres espirituales más iguales a mí pues no son materiales y existen fuera del tiempo y el espacio, pero que se pueden meter en el tiempo y el espacio a voluntad para tentar a los seres materiales, pues sino no serían libres como yo ni como los espirituales para escoger bien o mal (aunque yo no los necesité para tomar mis decisiones y una vez que los materiales sean espíritus no podrán tomar más decisiones).

Soy un diseñador inteligente: He dispuesto desde siempre que todo lo material pueda decaer y corromperse, pues si así no lo hubiera diseñado, lo material no podría decaer ni corromperse. Cuando yo sostengo todo con mi gracia divina, nada decae ni se corrompe. Siendo omnisciente, siempre soy previsor. Creo el problema y la solución.

Los seres materiales no entienden que hay personajes buenos o malos, ni que la desobediencia es "mala", pues no distinguen el bien y el mal todavía, pero ya se enterarán cuando sea tarde. Tampoco saben que deberé castigar a todos los materiales por su culpa, para siempre, ninguna partícula en todo el universo se salvará de la decadencia, por culpa de ellos.
Es lo justo, pues se me ocurrió a mí, así que es una verdad objetiva y absoluta.

Hay otros personajes materiales de relleno, que están para llenar los escenarios. No tienen ninguna función en un mundo material perfecto, pues ni siquiera tienen libre albedrío, pero pueden comerse unos a otros cuando tenga que maldecir a todo el mundo material, por culpa de dos. Más vale prevenir y ya dejar todo listo para romper.

Usando todo mi poder, me revelaré como el resto de los dioses que se inventarán: en cómodas cuotas, a través de susurros en las cabezas de profetas y manuscritos únicos en lenguas que dejarán de hablarse con el tiempo, para que todos los mortales en todos lados, sepan cuanto antes la verdad de la que depende sus eternidades.
Pero antes, tendré que matar a todas las formas de vida, inundando toda la tierra, como es justo. Sólo un arca se salvará. También confundiré los idiomas, para que todos puedan leer mi Revelación de la que depende su eternidad, cuanto antes.

Y luego elegiré a una tribu de entre todas, para prometerle una tierra.
Pero esa tierra ya estará habitada, pues mandaré allí a otras tribus, luego de que confunda los lenguajes. Y los confundiré para que no se unan y sean como yo, pues ya son como yo.
Y esa tribu elegida mostrará su rebeldía contra mí y yo los castigaré durante siglos y cada imperio los conquistará los obligará al exilio, como es justo.

Esta historia épica agregará unas cuántas páginas a mi Revelación, antes de que finalmente los salve a todos cuando me mate por ellos, para poder perdonarlos.
Pero esa será otra historia, o la misma.

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