En una tierra lejana, más allá de las estrellas conocidas, existe actualmente un pozo de agua dulce, en ese pozo yace el cuerpo de un ángel rebelde, se había rehusado a seguir vagando en la cola de un cometa, su misión era la de resguardar unos muy diminutos (a mirada de un hombre) filamentos, bastante inquietos eran estos cuerpecitos; la tarea de éste ángel era la de mantener con humedad la roca y de vez en cuando agitar sus alas para desviar el curso que podía terminar en una colisión con otra roca, lo que terminaría quizá en una absurda pelea con otro ángel, absurda porque el agravio ya pesaría sobre ambos, juntamente con la vergüenza que acarrearía el haber fallado en una tarea tan sencilla como sería la de navegar en un cometa y mantenerlo impecable hasta la muerte. "¿Qué pasará con la dedicación que vuelco en esta roca cuando me disuelva?" Se preguntaba a escondidas el ángel, las preguntas eran mal vistas por los ángeles superiores, habían varios castigos por pensar en otra cosa que no sea la misión asignada, dependiendo del cuestionamiento y hacia quien o que estaba dirigido, el castigo más suave era la mutilación y el más severo era colocarlos en tareas peligrosas y que nadie quiere hacer, la peor de todas era navegar en una roca por el espacio.
Cuando el ángel lo decidió, abandonó al infinito espacio esa piedra que lo fastidiaba, era la primera vez que tomaba una decisión de si mismo, de hecho estaba tan envuelto en sus tareas que nunca hubo un "yo mismo" en el, ya que su "yo" se diluía constantemente en el deber, entonces al ser su primera vez sintió por lo tanto un leve vacío y angustia que crecía con cada toma de conciencia que se hacía presente en su alma como los segundos en el reloj, entonces lo posesionó como un sentimiento de estar cometiendo un mal a si mismo, sintió como nunca el lado más vil de la culpa. Su cuerpo empezó a escamarse y a tomar un color rojizo, ¿flotaba inmóvil o se movía hacía alguna dirección? No lo sabía, podía ver cómo la roca que tanto lo angustiaba se alejaba, o quizá la roca se había detenido (ya que según pensaba el ángel, sus alas producían el movimiento) y era el quién se alejaba, "es complicado elegir un punto de referencia que no sea uno mismo" decía el ángel en voz alta, extrañamente su voz sonaba como un trueno, que a la vez no producía más ningún sonido, sino más bien se formaban luces erráticas que viajaban hacía todos lados, una punta de esas luces alcanzó al cometa que ya se había oscurecido entre el polvillo y la niebla de los cielos, se podría decir que ese fue el último empujón que ejerció el ángel a la roca, si esa roca tosca hubiera tenido mentalidad, hubiera considerado ese violento trueno como el saludo de alguien que se siente arrepentido de haberlo alejado de su lado, de alguien que no supo apreciarlo mientras estaba cerca y ahora en soledad, consigo mismo nomas, se siente vacío por su falta, se siente incompleto por haber quebrado esa rutina de la que tanto reclamaba, pero las cosas no eran así, o en parte no eran así: ya que si bien está roca que volaba libremente en el espacio no tenía conciencia de si o de nada, aún así hubo en ella vida, aunque sea bacteriólogica, y era verdad que el ángel sentía esa desdicha por haber saltado al vacío. Volviendo al ángel, es difícil describir con las palabras lo que le ocurría durante el momento de su salto hasta entonces, difícil por el hecho de que para poder mentar sobre algo, es necesario achicarlo al lenguaje, aún así intentaré comentar todo el asunto sin olvidar disculparme por los detalles y sucesos que considero importantes, pero que a la vez son oscurecidos si se los intenta mencionar (las palabras iluminan el mundo a la vez que lo ocultan); su cuerpo estuvo flotando inmóvil o en movimiento, no es posible saberlo, sólo diré que si no estaba volando (siento vergüenza de utilizar la palabra "cayendo") en dirección hacia un planeta, entonces el planeta estaba acercándose a el. En tanto las distancias entre ambos cuerpos se acortaban rápidamente, el ángel comenzaba a sentir internamente un cambio radical en su alma,
- antes de continuar debo aclarar (he aquí uno de los tantos detalles de los que me disculpo en omitir) que el alma de los ángeles en general se puede ver a simple vista, (y digo "en general" porque nadie conoció a todos) pero de los que son conocidos por cumplir diversas funciones, todos ellos poseen en su pecho como un fulgor que suele emitir un color amarillento, cuando un ángel pone en duda la razón de algo (es inevitable para ellos el dudar, aún así combaten su naturaleza con tareas sacrificantes), el color del alma toma un tono amarillo tirando al violeta, el grado del color dependerá de la importancia que le ponga el ángel al asunto, de cuanto indague y cuánto temor le cause manipular tales elucubraciones, se suele decir entre ellos que si un ángel cuestiona el funcionamiento del cosmos es por que tal ángel esta ocioso; así que la única cura para tal fulgor maligno es el castigo de parte de las autoridades, eso si, el castigo siempre lo eligió cada ángel: suele ser aquello que tanto el ángel tema. -
Su piel se había tornado roja y escamosa, y el fulgor de su alma se volvió rojo como el color de nuestro sol, su alma ya no era más un haz armonioso de cambios previsibles, sino más bien como un árbol de hojas inquietas por el viento, como una flama de fogata cuando se revuelven sus brazas, su ser entonces tomó conciencia de su ser, de la abundancia de sus dudas aprendía a extraer impronunciables certezas, mientras caía (o ascendía) sus ojos comenzaban a ver y percibir como nunca lo había hecho, sentía el olor salado de sus alas y su espalda quemándose por la fricción de su cuerpo con las partecitas del cielo convulsionado del planeta, aún así ya no sentía más temor, y estaba convencido que jamás sentiría temor luego de haber dado el paso más importante de su historia, haber decidido por su propia voluntad acerca de su existencia. Quizá sea eso o quizá también allá sido su estrella el fallar en todas sus intenciones, aún en aquellas que parecían dignas de todo apoyo, no lo sabría decir.
Lo cierto es que evitando comentar los detalles del terrible impacto sufrido por nuestro ya casi estimado protector, evento doloroso que es preferible mantenerlo inalterable en el silencio de su realidad, sólo mencionaré que nuestro ángel yace actualmente en un pozo de agua dulce de un planeta tan inmenso que ya casi emitía luz como las demás estrellas, tal planeta existe actualmente como a 5.600 millones de años luz de distancia desde la Tierra, lo asombroso de ésta historia es que lo sucedido con el cometa abandonado por nuestro ángel: impacto en nuestro planeta hace como 3.000 millones de años y sus viajantes microscópicos colonizaron la superficie del planeta alimentándose de los microorganismos autóctonos de las rocas y el mar, (sólo unas pocas especies pudieron hacerle frente) de tales microorganismos abandonados por su divinidad provenimos casi todos los seres vivos de la Tierra, incluidos obviamente los seres humanos, aquellos que llevan en si un alma como de voz muda, inquietas como un trueno, sintiendo siempre el vértigo de caer o ascender y a medio camino entre transformarse en lo nuevo y mantenidos aún así en lo viejo, abrigaremos por siempre el calor de su voz como impulso y despido.
Hay quienes dirigen por naturaleza sus peticiones al ángel caído del pozo, nuestro creador, el problema es que la luz de nuestras voces tardará como mucho unos 6.000 millones de años en llegar a nuestro Dios, y aunque hubiera algún hombre que no sea mortal, (y dicho sea de paso, no haya resuelto el asunto en 6 mil millones de años) aún así el colmó es que la palabra mágica que pronuncié nuestro ángel tardará otros 6.000 millones de años luz en llegar al planeta Tierra... Así las cosas hermanos.
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viernes, 29 de julio de 2016
El ángel del pozo
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