En el siglo XVII, Blaise Pascal, una de las mentes filosóficas más brillantes que ha tenido la humanidad, trató estos mismos temas que hemos estado discutiendo aquí hoy. Empezó con un argumento ontológico y otro metafísico para tratar de demostrar la existencia de dios, no pudo, después se fue más o menos con un argumento utilitario, hizo una apuesta; es mejor que exista dios porque si dios no existe yo lo he perdido todo, y en cambio si dios existe yo creo en dios y por lo menos me he ganado el paraíso. Tuvo la honestidad intelectual Pascal para entender que eso probaba la existencia de dios, entonces tuvo que llegar al final de su disquisición a decir: Creo en dios porque creo en dios, creo en dios porque tengo una fe que está dentro de mí, hay una gracia que está dentro de mí y esa es la razón por la que creo en dios. Todos somos diferentes, yo no tengo esa gracia, yo no creo que exista un ser supremo que maneje la vida de todos nosotros pero cuando le doy las buenas noches a mi madre que es muy católica no me importa que ella sea católica y que yo no tenga esa conciencia, cuando tomo de la mano a Jocelyn mi pareja no me importa que ella sea católica y que yo no lo sea, finalmente, nunca vamos a resolver el asunto porque el tema de dios no puede ser resuelto, el tema de la existencia de dios no lo podemos resolver los seres humanos que somos por naturaleza definidos, somos por naturaleza imperfectos y no podemos conocer a un a ser que es absolutamente perfecto, ¿pero qué importa? Que importa mientras sigamos pudiendo tomar de la mano a los seres que queremos.
Sergio Sarmiento
Debate Ciudad de las Ideas 2009