miércoles, 26 de febrero de 2014

El tibet

"Pagaban impuestos por casarse, por el nacimiento de cada hijo y por cada muerte en la familia. La gente pagaba impuestos por ir a prisión y por su liberación. Incluso los mendigos pagaban impuestos. Los que no podían encontrar trabajo pagaban impuestos por no tenerlo, y si viajaban a otra aldea en busca de trabajo, pagaban un impuesto por derecho de tránsito. Cuando la gente no podía pagar, los monasterios le prestaban el dinero con un interés de entre un 20 y un 50 por ciento. Algunas deudas eran pasadas de padres a hijos y a nietos. Los deudores que no podían pagar sus compromisos podían ser esclavizados durante todo el tiempo exigido por el monasterio, algunas veces por el resto de sus vidas."

Corre Yisus, correeee

Corre Yisus! no mueras virgen!


lunes, 10 de febrero de 2014

La vida es . . . y punto

Todos en algún momento de nuestra existencia hemos enfrentado situaciones adversas, momentos felices, agradables y de pesadumbre.
Una sucesión tan continua de eventos llena de espacios que no recordamos y otros tantos memorables ya sea por ser positivos o negativos según nuestra perspectiva.

La vida es dura:  con sus constantes contrariedades, penurias y adversidades. Llegando a este mundo comenzamos nuestro proceso de oxidación. Conforme nuestra vida llega a su final, las funciones corporales decrecen notablemente hasta que finalmente el proceso cesa. Las desigualdades sociales, los problemas económicos, los desastres naturales; la vida por si misma parece estar hecha para poner a prueba la supervivencia humana (como ha ocurrido desde hace millones de años);
Por qué entonces buscar hacer aún más miserable la existencia con ideologías que castigan o premian el comportamiento aleatorio? Por que castigar o premiar el vestir de ciertas formas, el decir ciertas cosas o dejar de hacerlas, el color o la posición?

La vida es bella: nuestra poética existencia, corta y sublime; experimentar las emociones, el avance y el progreso del pensamiento humano, el bien común, la amistad, los bellos paisajes, la inmensidad del universo y nuestra improbable existencia dentro de él; la magia de crear vida, entender el mundo, desentrañar los mayores misterios, el autoconocimiento, la plenitud mental, el amor . . . 

Por que buscar entonces darle un significa ulterior a todo esto?; por que otorgarle la autoría de la complejidad de la vida a una ideología que pretende encerrar todas las explicaciones posibles, arrebatando así el propio propósito a la vida? Por que darle el derecho a esa ideología de juzgar lo que es bello y lo que no?

En todo caso la vida no requiere más explicaciones ocultas y complejas para desentrañar egoistamente sus misterios. La vida es y punto. El juicio con respecto a ella no hará que cambie, que sea mejor o peor, ni nos hará entenderla mejor. Únicamente limitará nuestra visión y nuestra apreciación de la realidad.

Por una humanidad libre.
La razón sobre la fe.

viernes, 7 de febrero de 2014

Sobre por que es incorrecto contraponer ciencia y religión

Ya mucho se ha hablado a este respecto, copiosamente y en muchas maneras posibles. Se ha tomado a la ciencia como el estandarte antiteista erroneamente y se ha tomado a la religión como un concepto equivoco que excluye a la ciencia.

Primero se debe entender que estos dos términos en la practica son simple y sencillamente no comparables, es querer ver las diferencias entre perros y meteoros, simple y llanamente sin sentido.

En un post anterior de un servidor se ha aclarado que ninguna persona puede vivir sin filosofía, pues toda ser humano requiere de un objetivo, una identidad, una visión de la vida sea cual esta sea. La religión (o mas bien la teología) ofrece una salida rápida a esta y otras inquietantes. La filosofía requiere entendimiento, contrariedades, equilibrios y acuerdos para llegar a las "respuestas". La religión se salta todo el proceso y su sabiduría, el autoconocimiento y el aprendizaje para brindarnos una respuesta, la cual para ser valida y funcional, se debe respetar y defender a toda costa (he aquí el nacimiento del dogma)

La ciencia por otra parte es una cosa muy distinta. La ciencia no ofrece respuestas, ni visión, ni entendimiento. La ciencia se ofrece a si misma como una herramienta. Hasta el momento la mejor que el ser humano tiene para comprender su entorno y su realidad pero a fin de cuentas solo una herramienta

La religión ofrece respuestas rápidas, sin un fundamento aparente, un ladrillo del cual aferrarse, una norma escrita, sólida e invariable. 
La ciencia ofrece una herramienta, perfectible, pragmática, no ofrece el fundamento pero otorga el camino para construir uno. Pero aún mejor que eso, un fundamento que se vuelve más fuerte con el tiempo. Con el propio avance de si misma. La religión jamás se perfeccionará a si misma, pues la religión es la respuesta final. La ciencia se perfeccionará a si misma,por que ofrece respuestas parciales que mejorarán notablemente conforme nuestro avance y compresión. 

Por eso es importante comprender que la ciencia no puede ser tomado como un standarte de ninguna causa. Ni la religión puede ser usada para buscar más respuestas de las que ya ofrece. 

Por una humanidad libre.
La razón sobre la fe.

Pueden distinguir al padre, hijo y espíritu santo?!


Bodhidharma

Al principio de su búsqueda consideró que mortificando el cuerpo lograría la salvación espiritual. Durante días y a veces durante meses se privó de todo alimento. No pretendía morir sino domar el cuerpo, lograr que debajo de su piel, en ese fondo oscuro de sí mismo para él desconocido, se extinguieran todos los sentimientos y pensamientos que entraran en contradicción con sus ideales de pureza. Como tantos otros buscadores de la verdad en tantas épocas diferentes, creía que la Luz no habitaba en su cuerpo, que su cuerpo en todo caso era un obstáculo para contemplar la Luz. Desfallecido y hambriento, casi al borde de la muerte, se percató de que estaba equivocado. Si la naturaleza le había proporcionado brazos y piernas, vientre y cabeza, él no era quién para aborrecer las señales de su condición humana. Pensó con alegría que igual que en una semilla está oculto el árbol gigantesco, debajo de su piel, en sus huesos y tendones, estaba también oculta la posibilidad de crecer hasta otras dimensiones inexploradas, donde con toda seguridad encontraría la respuesta a tantas preguntas. Se bañó en el río, comió un poco de arroz y se sentó debajo de un árbol. Pretendió que el árbol le refiriera los pormenores de la maravillosa aventura de su espléndida realidad. Quiso que le explicara cómo era viable el prodigio de una diminuta semilla transformada en tan vasta armazón de ramas, hojas, frutos y flores. Se homologó al árbol y conjeturó que dentro de cada hombre había algo similar a una  semilla que le iba a permitir algún día crecer hasta acercarse al cielo.  De repente se dio cuenta que todo estaba dentro del hombre, dentro de su cuerpo: todas sus posibilidades y toda su grandeza. Dentro y no fuera, estaba la Luz. “Todos estamos iluminados desde que nacemos, sólo que lo ignoramos”, pensó.

Bodhidharma no tuvo que conjeturar nada: ya lo sabía. Sabía, porque Buda lo había dicho antes, que la Luz estaba dentro y había que sacarla del lugar en que se encontraba a golpes de voluntad. Se sentó con la vista fija en una pared. Necesitó estar sentado durante nueve años frente a la pared para darse cuenta que tampoco el esfuerzo era imprescindible. “No hay que buscar nada, sino dejar que llegue”, pensó. Sólo es necesario abrirse, como se abre la semilla para dar paso al árbol. A la facultad de abrirse Bodhidharma le dio un nombre: Zen. Sólo tres letras. Como Tao. Tres letras diminutas y silenciosas para permitir que la Luz se abra paso, para facilitar el ascenso de la Luz. Si dices Zen ya estás iluminado. Donde pones tu voz pones tu realidad.

Sin embargo, Bodhidharma no se acogió al símil  de la semilla y el árbol. Ideó otro símil: el del arco y la flecha. El arco puede tensarse con los ojos cerrados, y la flecha, dirigida hacia ningún lugar, da en el blanco. Al símil le buscó otro nombre: koan. Cuatro letras. Siempre pocas letras para mucho resultado.

–¿Qué es un koan? –preguntó el discípulo.

El maestro le dio un puntapié en el trasero.

Y el discípulo se iluminó.